500 AÑOS DE LA PRESENCIA DE CRISTO VIVO
EN MEDIOS DE NOSOTROS
EN BRAZOS DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS
1519 - 2019
 

Dulce y tierna Madre, nuestra Señora de los Remedios,
venimos ante ti para saludarte con amor y,
ponernos en tus manos y en las de tu hijo, Jesucristo, ahora que:

(PETICIÓN PARA CADA DÍA)

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios /
Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén

Ave María

Nuestra Señora de los Remedios / Ruega por nosotros

1.- padecemos crisis en las relaciones intrafamiliares.

Señora danos a tu Hijo, para que reine en los hogares y suscite: comprensión, fidelidad y amor entre los esposos; respeto, confianza y gratitud de los hijos a sus padres; solidaridad, ayuda y ejemplaridad entre hermanos y atención respetuosa y sincera de la familia hacia quienes les dan algún servicio.


2.- las familias se hunden en las necesidades económicas y materiales.

Señora danos a tu Hijo, para que reine en los hogares y tengan trabajo digno y estable; hagan buen uso de los bienes, utilizándolos con moderación y gratitud a Dios; para que ejerzan la caridad mediante la ayuda concreta a los más necesitados y respeten la caridad y la justicia con sus empleados y prestadores de servicios.


3.- vivimos la desintegración del núcleo familiar.

Señora danos a tu Hijo, para que reine en los hogares y ayude a su conversión a las familias disfuncionales, en situación irregular, aquéllas en que alguno o varios miembros son escándalo y carga para los demás, aquéllas amenazadas o afectadas por la ambición, el egoísmo o la indiferencia religiosa, para que dejando a un lado toda división, se reconozcan como hijos tuyos.


4.- es extraño el testimonio cristiano en la familia.

Señora danos a tu Hijo, para que reine en los hogares, para que la familia sea el primer semillero de la fe y la mejor escuela de las virtudes cristianas, mediante la piadosa vivencia de la eucaristía dominical y de los sacramentos, de la oración y la lectura del Evangelio, la devoción a ti, a tu esposo San José y al Santo patrono de cada uno de los miembros de ella, la bendición de los padres a los hijos y todo aquello que avive tu presencia y el amor a Dios en el hogar.


5.- muchas familias viven dolor y tristeza.

Señora danos a tu Hijo, para que reine en los hogares y superen la zozobra y dolor de: las amenazas, el desempleo, la violencia, inseguridad, escándalo, falta de autoridad o mal ejercicio de ella, enfermedad, robo, muerte, indiferencia religiosa, visión consumista y hedonista de la vida, secuestro, ausencia de alguno de sus miembros.


6.- ha y desprecio hacia la familia,

danos a tu Hijo, para que suscite en los hogares un verdadero ambiente de comprensión, ayuda, cariño, respeto y unidad, para que los jóvenes se sientan atraídos a formar una familia con todos estos valores, que hacen de la existencia, auténtica vida humana.


7.- vivimos en un mundo de mentiras y engaños.

Señora danos a tu Hijo, Luz del mundo, para que reine en la sociedad y conceda iluminación y fidelidad para quienes deben promover la verdad: a los sacerdotes, maestros, padres de familia, intelectuales, escritores, periodistas y a todos los formadores de la opinión pública, para que comprometidos por difundir la verdad, guíen a todos hacia tu Hijo.


8.- la vida humana está amenazada desde su inicio hasta el fin.

Señora danos a tu Hijo, Vida del mundo, para que reine en la sociedad y conceda generosidad y entrega, a quienes deben promover la vida: los matrimonios, médicos, enfermeras, científicos y legisladores, para que unan sus esfuerzos en construir la civilización de la vida y del amor.


9.- la injusticia, la violencia y la guerra, reinan en todos los ambientes.

Señora danos a tu Hijo, Príncipe de la paz, para que reine en la sociedad y conceda honestidad y rectitud, a quienes deben promover la justicia y la paz: los gobernantes, jueces, fuerzas policiacas y militares, partidos políticos, legisladores, empresarios, patrones, comerciantes y líderes sindicales, para que trabajen incansablemente por establecer la justicia, sin la cual es imposible garantizar una paz auténtica y duradera.


10.- vivimos crisis de valores.

Señora danos a tu Hijo, Sal de la tierra, para que reine en la sociedad y conceda nobleza y sentido estético a quienes deben promover la belleza y el sano esparcimiento. Para que los hombres, desarrollando su creatividad, puedan reflejar Su belleza, orden y perfección y transmitir gozo y bienestar a sus hermanos, mediante el arte, el deporte, el esparcimiento, la diversión, las redes sociales, el internet, la cultura y toda forma que ennoblezca al hombre.


11.- hay tantas divisiones entre los hombres.

Señora danos a tu Hijo, que nos llama sus amigos, para que reine en la sociedad y conceda su amor y fraternidad, a los marginados y despreciados a causa de su fe, ignorancia, pobreza, raza, lengua, enfermedad, empleo, o cualquier otro motivo. Para que suscite en todos los hombres la conciencia de ser hijos de Dios, y podamos reconocernos y tratarnos como verdaderos hermanos.


12.- padecemos dolor y tristeza.

Señora, tú que padeciste persecución y destierro, concede remedio con tu compañía, consuelo y fortaleza a los que están fuera de su hogar por motivos de desintegración familiar, estudio, preparación o trabajo, cárcel o persecución, secuestro o inseguridad y a los que han perdido a un ser querido, o han sido abandonados.


13.- hay pérdida del sentido de la vida,

tú que viviste consagrada a Dios, concede remedio a la desorientación que vivimos, para que descubriendo a Dios en nuestra vida y la misión que desea sobre cada uno, dirijamos nuestros actos e intenciones a vivir en plenitud asumiendo su Voluntad, como camino de plenitud.


14.- hay insensibilidad ante el dolor del prójimo,

tú que estuviste atenta a las necesidades de los demás, en las bodas de Caná, concede remedio con tu ejemplo, para que suscite solidaridad, compasión activa y caridad eficaz, para socorrer a los necesitados y corregir las causa de la desigualdad injusta y culpable.


15.- los enfermos y moribundos ven agotarse su vida.

Señora, tú que sufriste con valentía, esperanza y amor la pasión y muerte de tu Hijo, concede el remedio de tu consuelo, salud y compañía a los enfermos que se sienten solos, a los incurables, a los que saben cercana su muerte y a sus familias, para que se unan íntimamente a Cristo en su Pasión, ofreciendo sus dolores y sufrimientos por la conversión de los pecadores, y para que la sangre preciosa de tu Hijo purifique a los que van a morir hoy, y puedan descansar en los brazos de Dios, llenos de misericordia.


16.- los enfermos necesitan de tu consuelo fortaleza y tu paz.

Señora, que nos trajiste a tu Hijo, que se hizo débil en nuestra carne, concede remedio con tu fortaleza y esperanza a los deprimidos, da vigor al cuerpo decaído de nuestros enfermos y a los cansados por el peso de los años y, alientes la paciencia y al generosidad de sus familiares y amigos.


17.- a quienes vivimos la miseria más grande, que es el pecado.

Señora, que te uniste al amor de tu Hijo, con un amor hasta el extremo, para perdonar nuestros pecados, concédenos vernos libres de los castigos que merecen nuestras culpas y vivir siempre vigilantes en oración, para que, cuando nos llame Dios, nuestro Padre, podamos ir a reposar gozosos en sus brazos.


18.- tantos jóvenes y adultos están decepcionados de la vida.

Señora, tú que viviste con esperanza y fortaleza la espada que atravesó tu alma, llena, se remedio de optimismo y alegría a quienes se sienten tristes e inconformes con la vida, haciéndoles descubrir todo lo grande y maravilloso que Dios ha puesto en su existencia.


19.- hay tanta esclavitud que deshonra al hombre.

Señora, tú que con tu obediencia al plan de Dios ennobleciste al género humano haciendo posible la Encarnación del Hijo de Dios, se remedio para quienes viven bajo el dominio de los vicios y dependencias que envilecen sus vidas, haciéndoles presente a tu Hijo en sus vidas para que se sientan llamados a vivir en la libertad de los hijos de Dios.


20.- hay tanto egoísmo e individualismo.

Señora, que respetando la voluntad de Dios fuiste libre y generosa en hacer el bien, se remedio, dándonos a tu Hijo, para poder seguir tú ejemplo y el de Él, para hacer el bien porque queremos. No, porque los demás lo merezcan; no, porque sea nuestra obligación; No, porque saquemos alguna ventaja, sino, por sentirnos llenos de los dones, capacidades y aptitudes que nos ha dado Dios, y desbordarlos compartiéndolos con los demás.


21.- muchos de nuestros sacerdotes están enfermos, incluyendo a sacerdotes jóvenes.

Señora, madre de Cristo Sacerdote, concede salud a los que están enfermos; alegría y paciencia a los ancianos y a los incurables; gozosa esperanza de encontrarse con el Padre a los moribundos y, a todos, un deseo eficaz de cuidar su salud, mediante una vida ordenada.


22.- la mayoría de nuestros sacerdotes son de edad avanzada y hay pocas vocaciones sacerdotales.

Señora, madre de Cristo Sacerdote, impulsa, a las familias y a la sociedad para crear un ambiente cristiano, en donde los niños y los jóvenes, descubran el llamado a realizarse en el servicio a los demás, en el matrimonio, o el sacerdocio, o la vida consagrada a Dios, sea en la vida laical o religiosa. También, por quienes ya han iniciado su formación en el Seminario, para que respondan con generosidad a su vocación y se vayan configurando con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.


23.- hay escándalos en la Iglesia por el mal comportamiento de los sacerdotes.

Señora, madre de Cristo Sacerdote, haz que los sacerdotes unidos a tu Hijo, y a ti, crezcan en santidad, y para que, los que se han separado por el pecado, el mal testimonio o el escándalo, se conviertan a tu Hijo, atraídos por Su misericordia.


24.- hay signos de fatiga e inconstancia en los sacerdotes.

Señora, madre de Cristo Sacerdote, concédeles la alegría en su ministerio: manteniendo en gracia a los buenos sacerdotes, alentando a los desanimados, robusteciendo a los cansados, sosteniendo y fortaleciendo a los débiles, levantando a los caídos y a todos haciéndoles sentir tu amor y el de tu Hijo.


25.- hay poca piedad.

Señora, madre de Cristo Sacerdote, concede amor profundo y piedad sincera, para que, con el fuego del amor divino, celebren dignamente los sacramentos, especialmente la Eucaristía; anuncien con alegría el Evangelio y establezcan lazos de unidad en tu pueblo fiel. Además, les ayudes a ser instrumento de presencia de Cristo entre los hombres y, consueles, acompañes o corrijas a los sacerdotes, abandonados, los de mal carácter, los esclavos en algún vicio; los que han dejado el ministerio.


26.- nuestra Iglesia Diocesana está viviendo un proceso de renovación.

Concédele, Señora, Patrona de nuestra Arquidiócesis, la conversión pastoral, la espiritualidad de comunión, la fidelidad a los criterios y enseñanzas del Evangelio y la docilidad al magisterio, para que, siendo fiel a su vocación de discípula y misionera, se manifieste como sacramento de santidad y unidad, y nos conduzca a la plenitud del amor de Dios.


27.- nuestro Seminario está casi desierto.

Concédele, Señora, Reina de nuestro Seminario, discernimiento y fortaleza, a quienes se sienten llamados al sacerdocio y puedan decidirse a seguir dócil y alegremente su vocación; la perseverancia y santidad para quienes se preparan a recibir el ministerio de lector o acólito, o las sagradas Ordenes del Diaconado y del Presbiterado, para que vayan amando más y más a la Iglesia a la que servirán en el nombre de Cristo.


28.- nuestro Seminario está en crisis.

Concede, Señora, Patrona del Clero, amor a ti, a tu Hijo y a la Iglesia, a los párrocos, vicarios parroquiales y a los formadores en el Seminario, a fin de suscitar en los niños y jóvenes la vocación al sacerdocio, con la vivencia alegre de su ministerio.


29.- es muy necesaria la armonía y la claridad entre los miembros de la Iglesia.

Concede, Señora a la Iglesia el espíritu de unidad para que, las relaciones entre el Papa y los Obispos, de éstos con los sacerdotes, de ellos con los fieles y entre grupos parroquiales, asociaciones y movimientos, sean signo claro de tu amor, que invite a todos a creer en tu hijo, Jesús.


30.- la jerarquía de la Iglesia está siendo tan cuestionada.

Concede, Señora a la Iglesia los dones del Espíritu Santo: entendimiento, sabiduría y ciencia; de piedad y santo temor de Dios; de consejo y de fortaleza, al Papa y los Obispos, a fin de edificar la Iglesia, siendo signos e instrumentos de salvación y de santidad en el mundo.